miércoles, 1 de marzo de 2017

For Honor tiene miedo a ser solo un juego de lucha


Seguramente Ubisoft Montréal sea la división más en forma dentro de la firma francesa. A la vez, también es uno de los mejores ejemplos de la inusual situación de una compañía en aires de cambio, a la espera de lo que ocurra con Vivendi, pendiente de encontrar un nuevo rumbo porque lo de antes ya no funciona igual. Rainbow Six: Siege sigue sumando adeptos, un título convertido en éxito pese haber llegado al mercado sin hacer ruido; For Honor es un fantástico juego de lucha, uno con temor a ensalzar su mayor virtud.

Para empezar cuenta con dos elementos esenciales del género: es un producto accesible pero terriblemente profundo si quieres ser el mejor. Incluso sabe decir la suya. For Honor es un videojuego eminentemente defensivo, uno con multitud de opciones para el counter en el que se premia al que atonta al enemigo tras contrarrestar un buen golpe y pone en peligro al que ataca con todo, siendo algo presente incluso en el peso de cada ataque y cada movimiento.

Me atrevería a decir que quienes más disfrutarán For Honor son los amantes de los juegos de lucha clásicos y los que busquen duelos puros del online de Dark Souls. Además, Jason VandenBerghe, su director, es alguien que profesa un gran respeto por el mundo de los duelos con espadas y el juego intenta ser -en la medida de lo que su premisa fantástica le deja- fiel al armamento y movimientos típicos de cada facción. Que no os engañe su aparente simplicidad ni su presentación mediante grandes multitudes, la grandeza de este juego reside en el uno contra uno, en el duelo clásico.

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